Curso · lección 1 de 7 · 6 min
Por qué fallas (y por qué casi nunca es lo que crees)
Saber clasificar tus fallos en siete motivos y elegir el remedio de cada uno.
Fallar una pregunta no significa una sola cosa. Significa siete, y cada una pide un remedio distinto:
- No lo sabía. Falta materia. Se arregla estudiando el tema, no haciendo más tests.
- Dudé entre dos. Lo tienes a medias. Se arregla con repaso espaciado y con leer la explicación de las dos opciones.
- Confundí un artículo con otro. Es interferencia. Se arregla con fichas que enfrenten los dos datos, nunca por separado.
- Olvidé la excepción. Sabías la regla. Se arregla con una ficha de la excepción.
- Falta de repaso. Lo supiste y se fue. El calendario de repasos es el remedio, no la voluntad.
- Leí mal. Es lectura, no materia. Se arregla subrayando el «no», el «salvo» y el «en todo caso».
- Me precipité. Es ritmo. Se arregla con un simulacro con reloj, no con más teoría.
Marcar el motivo no te enseña nada por sí solo, y no vamos a venderte lo contrario. Sirve para otra cosa: para saber qué remedio aplicar. A las tres semanas verás que tus fallos se concentran en dos motivos, y esa persona ya sabe si le falta temario, lectura o reloj.
Un apunte que sí está bien medido: los fallos que cometes convencido son los que mejor se corrigen cuando ves la respuesta, pero también los que más tienden a reaparecer meses después. Por eso el cuaderno no los da por corregidos a la primera.
tu turno
Haz un test de 10 y marca el motivo de cada fallo